sábado, 13 de febrero de 2016

El cambio de un cuento tradicional: "El Bello durmiente".

Desde la clase de Literatura española, infantil y educación literaria de nuestro grupo en la UAM se nos propuso como actividad el transformar un cuento tradicional para deformar el estereotipo de género que casi toda la clase identificamos en varios cuentos populares con machismo presente y perceptible a simple vista por cualquier persona con una edad y madurez determinadas aunque para un niño a veces no sea tan aparente.

Porque ¿Qué pasaría si el cuento fuera al revés? ¿Gustaría de la misma forma? ¿Se vería el comportamiento de la mujer como feminismo o muchos afirmarían que es un comportamiento normal al igual que afirman con un machismo más que aparente? Hagamos la prueba versionando el cuento de "La Bella Durmiente" de los hermanos Grimm, el cual es muy conocido por los niños sobre todo por la versión cinematográfica modificada de la factoría Disney: 

Hace muchos años vivían un rey y una reina quienes cada día decían: "¡Ah, si al menos tuviéramos un hijo!" Pero el hijo no llegaba. Sin embargo, una vez que la reina tomaba un baño, una rana saltó del agua a la tierra, y le dijo: "Tu deseo será realizado y antes de un año, tendrás un hijo." 
Lo que dijo la rana se hizo realidad, y la reina tuvo un niño tan precioso que el rey no podía ocultar su gran dicha, y ordenó una fiesta. El rey no solamente invitó a sus familiares, amigos y conocidos, sino también a un grupo de hados y hadas, para que fueran amables y generosas con el príncipe. Eran trece estos seres mágicos en su reino, pero solamente tenía doce platos de oro para servir en la cena, así que tuvo que prescindir de uno de ellos: Maléfico.

La fiesta se llevó a cabo con el máximo esplendor, y cuando llegó a su fin, los hados y hadas fueron obsequiando al niño con los mejores y más portentosos regalos que pudieron: uno le regaló la Virtud, otra la Belleza, la siguiente Riquezas, y así todos las demás, con todo lo que alguien pudiera desear en el mundo. 
Cuando el décimoprimero de ellas había dado sus obsequios, entró de pronto la décimotercero, Maléfico. El quería vengarse por no haber sido invitado, y sin ningún aviso, y sin mirar a nadie, gritó con voz bien fuerte: "Sí que esta es una reunión brillante: la realeza, la nobleza, la plebe... Me sentí realmente apenado por no recibir invitación, esperaba que se debiera a un descuido... Pero para demostrar que no estoy ofendido, yo también concederé un don al príncipe. ¡Oíd bien todos! El príncipe sí crecerá dotado de gracia y belleza, podrá ser amado por cuantos lo conozcan pero, al cumplir los 16 años, antes de que el Sol se ponga, se pinchará el dedo con el huso de una rueca y morirá" Y sin más decir, dio media vuelta y abandonó el salón habiendo lanzado su maleficio.

Todos quedaron atónitos, pero la duodécima hada, que aún no había anunciado su don, se puso al frente, y aunque no podía evitar la malvada sentencia, sí podía disminuirla, y dijo: "¡El no morirá, pero entrará en un profundo sueño por cien años!"

El rey trató por todos los medios de evitar aquella desdicha para el joven. Dio órdenes para que toda máquina hilandera o huso en el reino fuera destruido. Mientras tanto, los regalos de los otros doce hados y hadas, se cumplían plenamente en aquel joven. Así él era hermoso, modesto, delicado, de buena naturaleza y sabio, y cuanta persona la conocía, le llegaba a querer profundamente.

El mismo día en que cumplía sus quince años, el rey y la reina no se encontraban en palacio, y el príncipe estaba solo en palacio. Así que fue recorriendo todo sitio que pudo, miraba las habitaciones y los dormitorios como quiso, y al final llegó a una vieja torre. Subió por las angostas escaleras de caracol hasta llegar a una pequeña puerta. Una vieja llave estaba en la cerradura, y cuando la giró, la puerta súbitamente se abrió. En el cuarto estaba un anciano sentado frente a un huso, muy ocupado hilando su lino.

"Buen día, señora," dijo el hijo del rey, "¿Qué haces con eso?" - "Estoy hilando," dijo el anciano, y movió su cabeza.

"¿Qué es esa cosa que da vueltas sonando tan lindo?" dijo el joven.

El tomó el huso y quiso hilar también. Pero nada más había tocado el huso, cuando el mágico decreto se cumplió, y se punzó el dedo con él.

En cuanto sintió el pinchazo, cayó sobre una cama que estaba allí, y entró en un profundo sueño. Y ese sueño se hizo extensivo para todo el territorio del palacio. El rey y la reina ,quienes estaban justo llegando a palacio, y habían entrado al gran salón, quedaron dormidos, y toda la corte con ellos. Los caballos también se durmieron en el establo, los perros en el césped, las palomas en los aleros del techo, las moscas en las paredes, incluso el fuego del hogar que bien flameaba, quedó sin calor, la carne que se estaba asando paró de asarse, y el cocinero que en ese momento iba a jalarle el pelo al joven ayudante por haber olvidado algo, lo dejó y quedó dormido. El viento se detuvo, y en los árboles cercanos al castillo, ni una hoja se movía.

Pero alrededor del castillo comenzó a crecer una red de espinos, que cada año se hacían más y más grandes, tanto que lo rodearon y cubrieron totalmente, de modo que nada de él se veía, ni siquiera una bandera que estaba sobre el tejado de la más alta torre. Pero la historia del Bello Durmiente "Precioso Roberto," que así lo habían llamado, corrió por toda la región, de modo que de tiempo en tiempo hijas de reyes llegaban y trataban de atravesar el muro de espinos queriendo alcanzar el castillo. Pero era imposible, pues los espinos se unían tan fuertemente como si tuvieran manos, y las jóvenes eran atrapados por ellos, y sin poderse liberar, obtenían una miserable muerte.

Pasados cien años, otra princesa llegó también al lugar, y oyó a un anciano hablando sobre la cortina de espinos, y que se decía que detrás de los espinos se escondía un precio príncipe, llamado Roberto, quien ha estado dormido por cien años, y que también el rey, la reina y toda la corte se durmieron por igual. Y además había oído de su abuelo, que muchos hijas de reyes habían venido y tratado de atravesar el muro de espinos, pero quedaban pegadas en ellos y tenían una muerte sin piedad. Entonces la joven princesa dijo:

-"No tengo miedo, iré y veré al Precioso Roberto."-

La anciana trató de disuadirla lo más que pudo, pero la joven no hizo caso a sus advertencias.

Pero para esa fecha los cien años ya se habían cumplido, y el día en que Roberto debía despertar había llegado. Cuando la princesa se acercó al muro de espinas, no había otra cosa más que bellísimas flores, que se apartaban unas de otras de común acuerdo, y dejaban pasar a la princesa sin herirla, y luego se juntaban de nuevo detrás de él como formando una cerca.

En el establo del castillo vio a los caballos y en los céspedes a los perros de caza yaciendo dormidos, en los aleros del techo estaban las palomas con sus cabezas bajo sus alas. Y cuando entró al palacio, las moscas estaban dormidas sobre las paredes, el cocinero en la cocina aún tenía extendida su mano para regañar al ayudante, y la criada estaba sentada con la gallina negra que tenía lista para desplumar.

Ella siguió avanzando, y en el gran salón vio a toda la corte yaciendo dormida, y por el trono estaban el rey y la reina.

Avanzó aún más, y todo estaba tan silencioso que un respiro podía oírse, y por fin llegó hasta la torre y abrió la puerta del pequeño cuarto donde Roberto estaba dormido. Ahí yacía, tan hermoso que ella no podía mirar para otro lado, entonces se detuvo y lo besó. Pero tan pronto como le besó, Roberto abrió sus ojos y despertó, y la miró muy dulcemente.

Entonces ambos bajaron juntos, y el rey y la reina despertaron junto con toda la corte, y se miraban unos a otros con gran asombro. Y los caballos en el establo se levantaron y se sacudieron. Los perros cazadores saltaron y menearon sus colas, las palomas en los aleros del techo sacaron sus cabezas de debajo de las alas, miraron alrededor y volaron al cielo abierto. Las moscas de la pared revolotearon de nuevo. El fuego del hogar alzó sus llamas y cocinó la carne, y el cocinero le jaló los pelos al ayudante de tal manera que hasta gritó, y la criada desplumó la gallina dejándola lista para el cocido.

Días después se celebró la boda de la princesa Felicia y el príncipe Roberto con todo esplendor, y vivieron muy felices hasta el fin de sus vidas.

FIN

En esta modificación del cuento que he realizado, he cambiado a la princesa Rosa por el príncipe Roberto y al príncipe salvador Felipe por la princesa heroína Felicia y, por supuesto, el papel del hada Maléfica por el del hado Maléfico. 

Hemos cambiado por tanto ciertos rasgos que se podían considerar machistas como por ejemplo el hecho de que sean siempre las mujeres las débiles, las rescatadas, las delicadas y los hombres los bravos héroes que las salvan de su tormento; En este caso el príncipe es el bello y delicado que cae en las redes del embrujo de Maléfico y la princesa Felicia es la heroína que aparece en el momento idóneo y le salva enamorándose locamente del príncipe. 

Considero, personalmente, que ciertos rasgos como que el "malo" del cuento sea un hombre en este caso es tan posible como que sea una mujer pues, en el caso de Maléfica, se produce el maleficio por considerarse desplazada en la fiesta del rey y eso podría suceder a ambos ya que en otros cuentos el malo es un hombre pero casi siempre suele ser la mujer la rescatada por el héroe, por eso he decidido cambiar esos dos papeles entre sí. 

A mi parecer el mundo de la literatura infantil y su relación con el cine, afortunadamente, están cambiando generando nuevos cánones, nuevas percepciones y nuevos roles como el de la heroína como en el caso de la película "Brave: Indomable" y esto está consiguiendo poco a poco la consecución de una meta muy importante para este sector: la equiparación del hombre y la mujer como iguales que son. Del mismo modo adjunto dos imágenes: Una original de la película "La Bella Durmiente" de Walt Disney Pictures y otra creada por un internauta que defiende la idea del cuento de "El Bello Durmiente".




Iván Jesús Silva Gutiérrez.

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